jueves, 16 de noviembre de 2017

LABERÍNTICA E INTRINCADA SITUACIÓN CATALANA.



Por Antonio José Parafita  Fraga, escritor y comentarista de temas sociales y políticos.

Del Blog VERBO SUELTO del autor, cuyo enlace es verbosuelto.blogspot.com


Convulsa, turbulenta, delicada y compleja es la actual situación jurídica, política, social y económica de España. Y, para mostrar este enredado ambiente sociopolítico y jurídico procesal, el comentarista trae a colación la conocida metáfora del gran poeta asturiano y autor de las famosas doloras literarias, Ramón de Campoamor, dado que lo refleja de manera tan gráfica como realista al escribir aquello de: en este mundo traidor, donde nada es verdad ni mentira, sino que es del color del cristal con que se mira. Y ello, porque, en efecto, la realidad de este delirante conflicto, está siendo tan vertiginosamente cambiante y diversa debido a las manipulaciones, trapacerías y falacias de los dirigentes políticos separatistas catalanes, fanatizados hasta alcanzar el grado de una irracional ofuscación mental, el delirio y la pérdida de contacto con la realidad objetivada. Perciben los hechos bajo el prisma de su exclusivo y excluyente punto de vista y, por ende, en el asunto del proceso independentista sólo están animados por el pensamiento único de sus fantasías e ideaciones soberanistas.

En tal contexto, apenas se dispone de tiempo suficiente para el sosegado debate ni tampoco para reflexionar sobre las consecuencias derivadas de los cambios que se plantean y llevan a cabo más por intereses espurios que por el bien común de los ciudadanos en su conjunto, y no sólo de los catalanes. Pero, hay que señalar asimismo que los independentistas y los constitucionalistas no suelen coincidir en cuanto a las apreciaciones sobre el desafío catalán porque tienen percepciones distintas. De ahí que, unos y otros se manifiesten de manera divergente y discrepante con respecto a este espinoso tema. A modo de meros ejemplos, se aportan algunas intervenciones, como la del Delegado del Gobierno en Cataluña, Enrique Millo, dando recientemente una atinada respuesta a la fantochada afirmación del depuesto presidente independista catalán y prófugo de la justicia española: nadie le votó como presidente.

Asimismo, el presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, sentencia que esta comunidad autónoma gallega no será el tonto útil de las desaforadas ansias soberanistas del separatismo catalán. Por su parte Juncker, presidente de la Comisión Europea, alerta del veneno inoculado por los nacionalistas en los diferentes países o regiones de Europa. En todo caso, y sobre este particular tema del independentismo, debe resaltarse que, por más que se desgañiten los golpistas, en España no hay presos políticos, sino, en todo caso, políticos sediciosos presos por supuestos delitos de rebelión, malversación de fondos públicos, desobediencia y prevaricación. A propósito, es sabido que la Justicia investiga el entramado millonario de ANC Y ÓMNIUM, tal vez para darle el golpe de gracia a estas asociaciones de clara orientación separatista.

El ex presidente de Cataluña y ex molto honorable Puigdemont, se haría un gran favor a sí mismo, a Cataluña y al resto de España si dejase de frivolizar y/o banalizar sobre el exilio por dignidad personal y consideración hacia los españoles que se vieron abocados a buscar acomodo ideológico y político en el exilio por mor de pasados regímenes dictatoriales, represores de derechos y libertades. Algo que carece de sentido en la actualidad porque España lleva cerca de 40 años viviendo en un estado social y democrático de derecho bajo el paraguas legal de la Constitución de 1978, los Estatutos de las Autonomías, la Jurisprudencia de los Tribunales y los españoles disfrutándola. Por tal motivo, los ex gobernantes catalanes fugados y exiliados a Bruselas pueden ser tachados como prófugos de la justicia española, traidores, desleales y cobardes morales.

Por lo demás, sus comportamientos son a todas luces propios de verdaderos impostores, ya que pretenden legitimar un gobierno fuera de las fronteras españolas, al margen de las leyes y de las estructuras democráticas del Estado español. No hay que olvidar la advertencia hecha por Bruselas sobre el conflicto planteado por el separatismo catalán, dado que supone un futuro riesgo para el crecimiento económico y el desarrollo social de España. Asimismo, que la declaración de la presidenta del parlamento de Cataluña ante el Juez del Supremo, Pablo Llarena, produce un punto de inflexión en el proceso independentista y una merma de la credibilidad de los impulsores del mismo. Quedan al descubierto las falacias y mentiras de los golpistas separatista y cobran valor los argumentos de los constitucionalistas. Relevante es el hecho de que Carmen Forcadell y cuatro miembros de la mesa renieguen en sede judicial de la secesión, porque ello supone asestar un duro golpe al proceso soberanista. De suerte que al desvincularse de la vía unilateral de la independencia, dejan abierto el camino para poder intentarlo por la del diálogo, la negociación y el pacto con el Estado.

A la intrincada, confusa y tensa situación existente en Cataluña, contribuyen personajes mediocres como el obispo de Solsona, siendo muchos los españoles que se preguntan a qué espera el presidente de Conferencia Episcopal Española para reconvenir al exaltado nacionalista, obispo leridano/ilerdense de la comarca del Solsonés catalán, e instarle a que limite su celo pastoral a predicar la fraternidad y la unión entre sus diocesanos, en vez de colaborar de manera activa con los golpistas al intento de consumar la ruptura de la unidad territorial de España y la voladura del Estado de Derecho. A decir de los medios de comunicación social, este clérigo aprovecha su privilegiado púlpito para sumarse a la propaganda de los independentistas catalanes. Recientemente, utilizó la homilía dominical para dejar claro que según su visión, el encarcelamiento preventivo dictaminado el pasado 2 de noviembre en relación con los ex consejeros, le parece injusto. Algunos medios señalan que el prelado del Solsonés, Xavier Novell i Gomà, votó el pasado 1 de octubre en la convocatoria ilegal independentista.

Poco después, en un vergonzante comunicado, llamaba guerrilleros a policías nacionales y guardias civiles. El referido prelado acentúa más todavía el juicio peyorativo sobre las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado al remarcar muchos sufrimos por lo que vimos por la televisión y por las redes sociales, debido al temor de que, a medida que avanzaba la jornada, las guerrillas policiales llegaran a nuestra casa. ¡Vaya falta de tacto y sensibilidad en un hombre de paz, como se supone que tiene que ser un obispo!. La gravedad de la cuestión radica en que Novell aseguró ante los solsoninos y los televidentes que lo que los políticos independentistas catalanes han perseguido con sus actos es legítimo, afirmando que los encarcelados por presuntos delitos de rebelión, sedición y malversación de fondos públicos, habrían tratado, en todo momento, de encontrar caminos para poder llevar a cabo su programa electoral por las vías del diálogo.

Y para completar el grotesco despropósito clerical, ya sólo falta que tanto el obispo leridano como el abad de Montserrat y el tándem Teresa Forcades-Lucía Carám integren la candidatura de la CUP. Eso sí, habría que exigirles que tanto en la campaña electoral como en los platós de televisión planteen a los votantes radicales que sean ellos quienes pongan la X en la casilla de ayuda a la Iglesia católica.

El mentado jerarca de la Iglesia católica, debiera de explicar en virtud de qué criterios morales y políticos sentencia sin despeinarse que las actuaciones golpistas eran legítimas y no ilegales, confundiendo a posta legitimidad con legalidad. Remata sus fanáticas peroratas y disquisiciones diciendo que uno puede estar de acuerdo o no con la independencia, pero no es justo que por la vía de la fuerza este pueblo no pueda decidir su futuro. Y chupa del frasco, Carrasco, porque este señor- por decir algo menos irreverente-, que luce anillo y solideo, afirmó sin empacho alguno ni inmutarse, y quedándose tan pancho, y en ello sigue: somos una nación y tenemos derecho a decidir por nosotros, siendo ésta una de las muchas razones que movieron al obispo solsonense a adherirse a la huelga general convocada por los independentistas en Cataluña y a cerrar el acceso tanto a la curia diocesana como al museo. El caso, señor obispo soberanista, es que, según reza un viejo lema existencialista, todos seremos juzgados por lo que hacemos y no tanto por lo que decimos, aunque a algunos se le debiera de aplicar a la inversa o por ambos hechos.

Cobardía política, bajeza moral y traición se aúnan en las actitudes y conductas de los principales artífices y autores del golpismo catalán, habida cuenta de que Puigdemont huye como una rata asustada, Trapero se retracta de su pérfida deslealtad profesional y Forcadell reniega de la DUI, cabe preguntarse dónde está entonces la heroicidad de los alentadores del Golpe de Estado en cuestión. La respuesta correcta a tal interrogante se puede sintetizar en que todo fue un auténtico fiasco y la puesta en escena de una melodramática comedia de enredo. A saber, fue y sigue siendo teatro, farsa y un mal montaje de guiñoles por parte de una banda de titiriteros aficionados. Forcadell, Lluis Corominas, Lluis Guinó, Anna Simó y Ramona Barrufet, se distanciaron sin ambages de la declaración de independencia, renegaron de la imposición unilateral de la ruptura y sostuvieron ante el Juez del Supremo, Pablo Llarena, que la vía hacia la independencia debe transitarse dentro del marco de la Constitución, el Estatuto de Autonomía y demás leyes del Estado español.

Finalmente, y en clave de humor, este comentarista cuenta para sus lectores que en el centro de Bruselas hay muñequito cuyo nombre propio es el de Manneken Pis, que traducido significa Hombrecito que orina, lo que, teniendo en cuenta el esperpéntico papel que desempeña en ese país el ex presidente Puigdemont, no es de extrañar que esté siendo motivo de chanzas y caricaturescas parodias en algunos medios de comunicación y redes sociales, aplicándole el nombre de Puigde-Pis, a saber, el hombrecillo que orina en Bruselas, fuera del tiesto, claro está.

Por Antonio José Parafita Fraga, escritor y comentarista de temas sociales y políticos.

Del Blog VERBO SUELTO del autor, cuyo enlace es verbosuelto.blogspot.com.

domingo, 12 de noviembre de 2017



LABERÍNTICA E INTRINCADA SITUACIÓN JURÍDICA, SOCIAL Y POLÍTICA GENERADA POR EL INDEPENDENTISMO CATALÁN.

Por Antonio José Parafita Fraga, escritor y comentarista de temas sociales y políticos.

Del Blog VERBO SUELTO del autor, cuyo enlace e verbosuelto.blogspot.com






Convulsa, turbulenta, delicada y compleja es la actual situación jurídica, política, social y económica de España. Y, para mostrar este enredado ambiente sociopolítico y jurídico procesal, el comentarista trae a colación la conocida metáfora del gran poeta asturiano y autor de las famosas doloras literarias, Ramón de Campoamor, dado que lo refleja de manera tan gráfica como realista al escribir aquello de: en este mundo traidor, donde nada es verdad ni mentira, sino que es del color del cristal con que se mira. Y ello, porque, en efecto, la realidad de este delirante conflicto, está siendo tan vertiginosamente cambiante y diversa debido a las manipulaciones, trapacerías y falacias de los dirigentes políticos separatistas catalanes, fanatizados hasta alcanzar el grado de una irracional ofuscación mental, el delirio y la pérdida de contacto con la realidad objetivada. Perciben los hechos bajo el prisma de su exclusivo y excluyente punto de vista y, por ende, en el asunto del proceso independentista sólo están animados por el pensamiento único de sus fantasías e ideaciones soberanistas.

En tal contexto, apenas se dispone de tiempo suficiente para el sosegado debate ni tampoco para reflexionar sobre las consecuencias derivadas de los cambios que se plantean y llevan a cabo más por intereses espurios que por el bien común de los ciudadanos en su conjunto, y no sólo de los catalanes. Pero, hay que señalar asimismo que los independentistas y los constitucionalistas no suelen coincidir en cuanto a las apreciaciones sobre el desafío catalán porque tienen percepciones distintas. De ahí que, unos y otros se manifiesten de manera divergente y discrepante con respecto a este espinoso tema. A modo de meros ejemplos, se aportan algunas intervenciones, como la del Delegado del Gobierno en Cataluña, Enrique Millo, dando recientemente una atinada respuesta a la fantochada afirmación del depuesto presidente independista catalán y prófugo de la justicia española: nadie le votó como presidente.

Asimismo, el presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, sentencia que esta comunidad autónoma gallega no será el tonto útil de las desaforadas ansias soberanistas del separatismo catalán. Por su parte Juncker, presidente de la Comisión Europea, alerta del veneno inoculado por los nacionalistas en los diferentes países o regiones de Europa. En todo caso, y sobre este particular tema del independentismo, debe resaltarse que, por más que se desgañiten los golpistas, en España no hay presos políticos, sino, en todo caso, políticos sediciosos presos por supuestos delitos de rebelión, malversación de fondos públicos, desobediencia y prevaricación. A propósito, es sabido que la Justicia investiga el entramado millonario de ANC Y ÓMNIUM, tal vez para darle el golpe de gracia a estas asociaciones de clara orientación separatista.

El ex presidente de Cataluña y ex molto honorable Puigdemont, se haría un gran favor a sí mismo, a Cataluña y al resto de España si dejase de frivolizar y/o banalizar sobre el exilio por dignidad personal y consideración hacia los españoles que se vieron abocados a buscar acomodo ideológico y político en el exilio por mor de pasados regímenes dictatoriales, represores de derechos y libertades. Algo que carece de sentido en la actualidad porque España lleva cerca de 40 años viviendo en un estado social y democrático de derecho bajo el paraguas legal de la Constitución de 1978, los Estatutos de las Autonomías, la Jurisprudencia de los Tribunales y los españoles disfrutándola. Por tal motivo, los ex gobernantes catalanes fugados y exiliados a Bruselas pueden ser tachados como prófugos de la justicia española, traidores, desleales y cobardes morales.

Por lo demás, sus comportamientos son a todas luces propios de verdaderos impostores, ya que pretenden legitimar un gobierno fuera de las fronteras españolas, al margen de las leyes y de las estructuras democráticas del Estado español. No hay que olvidar la advertencia hecha por Bruselas sobre el conflicto planteado por el separatismo catalán, dado que supone un futuro riesgo para el crecimiento económico y el desarrollo social de España. Asimismo, que la declaración de la presidenta del parlamento de Cataluña ante el Juez del Supremo, Pablo Llarena, produce un punto de inflexión en el proceso independentista y una merma de la credibilidad de los impulsores del mismo. Quedan al descubierto las falacias y mentiras de los golpistas separatista y cobran valor los argumentos de los constitucionalistas. Relevante es el hecho de que Carmen Forcadell y cuatro miembros de la mesa renieguen en sede judicial de la secesión, porque ello supone asestar un duro golpe al proceso soberanista. De suerte que al desvincularse de la vía unilateral de la independencia, dejan abierto el camino para poder intentarlo por la del diálogo, la negociación y el pacto con el Estado.

A la intrincada, confusa y tensa situación existente en Cataluña, contribuyen personajes mediocres como el obispo de Solsona, siendo muchos los españoles que se preguntan a qué espera el presidente de Conferencia Episcopal Española para reconvenir al exaltado nacionalista, obispo leridano/ilerdense de la comarca del Solsonés catalán, e instarle a que limite su celo pastoral a predicar la fraternidad y la unión entre sus diocesanos, en vez de colaborar de manera activa con los golpistas al intento de consumar la ruptura de la unidad territorial de España y la voladura del Estado de Derecho. A decir de los medios de comunicación social, este clérigo aprovecha su privilegiado púlpito para sumarse a la propaganda de los independentistas catalanes. Recientemente, utilizó la homilía dominical para dejar claro que según su visión, el encarcelamiento preventivo dictaminado el pasado 2 de noviembre en relación con los ex consejeros, le parece injusto. Algunos medios señalan que el prelado del Solsonés, Xavier Novell i Gomà, votó el pasado 1 de octubre en la convocatoria ilegal independentista.

Poco después, en un vergonzante comunicado, llamaba guerrilleros a policías nacionales y guardias civiles. El referido prelado acentúa más todavía el juicio peyorativo sobre las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado al remarcar muchos sufrimos por lo que vimos por la televisión y por las redes sociales, debido al temor de que, a medida que avanzaba la jornada, las guerrillas policiales llegaran a nuestra casa. ¡Vaya falta de tacto y sensibilidad en un hombre de paz, como se supone que tiene que ser un obispo!. La gravedad de la cuestión radica en que Novell aseguró ante los solsoninos y los televidentes que lo que los políticos independentistas catalanes han perseguido con sus actos es legítimo, afirmando que los encarcelados por presuntos delitos de rebelión, sedición y malversación de fondos públicos, habrían tratado, en todo momento, de encontrar caminos para poder llevar a cabo su programa electoral por las vías del diálogo.

Y para completar el grotesco despropósito clerical, ya sólo falta que tanto el obispo leridano como el abad de Montserrat y el tándem Teresa Forcades-Lucía Carám integren la candidatura de la CUP. Eso sí, habría que exigirles que tanto en la campaña electoral como en los platós de televisión planteen a los votantes radicales que sean ellos quienes pongan la X en la casilla de ayuda a la Iglesia católica.

El mentado jerarca de la Iglesia católica, debiera de explicar en virtud de qué criterios morales y políticos sentencia sin despeinarse que las actuaciones golpistas eran legítimas y no ilegales, confundiendo a posta legitimidad con legalidad. Remata sus fanáticas peroratas y disquisiciones diciendo que uno puede estar de acuerdo o no con la independencia, pero no es justo que por la vía de la fuerza este pueblo no pueda decidir su futuro. Y chupa del frasco, Carrasco, porque este señor- por decir algo menos irreverente-, que luce anillo y solideo, afirmó sin empacho alguno ni inmutarse, y quedándose tan pancho, y en ello sigue: somos una nación y tenemos derecho a decidir por nosotros, siendo ésta una de las muchas razones que movieron al obispo solsonense a adherirse a la huelga general convocada por los independentistas en Cataluña y a cerrar el acceso tanto a la curia diocesana como al museo. El caso, señor obispo soberanista, es que, según reza un viejo lema existencialista, todos seremos juzgados por lo que hacemos y no tanto por lo que decimos, aunque a algunos se le debiera de aplicar a la inversa o por ambos hechos.

Cobardía política, bajeza moral y traición se aúnan en las actitudes y conductas de los principales artífices y autores del golpismo catalán, habida cuenta de que Puigdemont huye como una rata asustada, Trapero se retracta de su pérfida deslealtad profesional y Forcadell reniega de la DUI, cabe preguntarse dónde está entonces la heroicidad de los alentadores del Golpe de Estado en cuestión. La respuesta correcta a tal interrogante se puede sintetizar en que todo fue un auténtico fiasco y la puesta en escena de una melodramática comedia de enredo. A saber, fue y sigue siendo teatro, farsa y un mal montaje de guiñoles por parte de una banda de titiriteros aficionados. Forcadell, Lluis Corominas, Lluis Guinó, Anna Simó y Ramona Barrufet, se distanciaron sin ambages de la declaración de independencia, renegaron de la imposición unilateral de la ruptura y sostuvieron ante el Juez del Supremo, Pablo Llarena, que la vía hacia la independencia debe transitarse dentro del marco de la Constitución, el Estatuto de Autonomía y demás leyes del Estado español.

Finalmente, y en clave de humor, este comentarista cuenta para sus lectores que en el centro de Bruselas hay muñequito cuyo nombre propio es el de Manneken Pis, que traducido significa Hombrecito que orina, lo que, teniendo en cuenta el esperpéntico papel que desempeña en ese país el ex presidente Puigdemont, no es de extrañar que esté siendo motivo de chanzas y caricaturescas parodias en algunos medios de comunicación y redes sociales, aplicándole el nombre de Puigde-Pis, a saber, el hombrecillo que orina en Bruselas, fuera del tiesto, claro está.

Por Antonio José Parafita Fraga, escritor y comentarista de temas sociales y políticos.

Del Blog VERBO SUELTO del autor, cuyo enlace es verbosuelto.blogspot.com.

miércoles, 11 de octubre de 2017

EMBESTIDA SOBERANISTA, DIÁLOGOS Y MEDIACIONES IMPROCEDENTES.    

Por Antonio José Parafita Fraga, escritor y comentarista de temas sociales políticos.

Del Blog VERBO SUELTO del autor, cuyo enlace es verbosuelto.blogspot. com


10.10.2017 
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Las campanas del fracaso anuncian el final de una falaz patraña, impulsada por radicales secesionistas de la comunidad autónoma catalana. Como consecuencia del frustrante fiasco de este descabellado, antidemocrático e ilegal proceso independentista, promovido aviesa y torticeramente por unos políticos alucinados, chantajistas, mentirosos y fabricadores de vacuas ilusiones y embustes varios, orientados a propalar una imagen antipática de España, con la torticera finalidad de desprestigiarla y también con el claro propósito de eludir determinadas responsabilidades que pudieran derivarse tanto de los supuestos delitos de corrupción como de los de la fraudulenta gestión que llevaron a cabo los últimos gobiernos de la Generalidad de Cataluña, se puede vislumbrar en el horizonte social y político de España una especie de narcolepsia ideológica, al menos temporal, de los fervores del nacionalismo radical.

Ahora bien, aun cuando los nacionalismos estuvieron presentes y actuantes en Europa desde finales del siglo XVIII, conviene señalar que no siempre fueron concebidos como movimientos sociales y políticos sino que también lo fueron como sentimientos patrióticos, pero, en ambos casos, han constituido un problema para la convivencia pacífica entre los ciudadanos de muchos países del Viejo Continente. Es de esperar que, tras la decepción sufrida, se apacigüe y atempere un poco el ánimo de los nacionalistas antisistema de nuevo cuño

Pero en Cataluña, por ejemplo, el sentimiento nacionalista ha ido reforzándose con el paso del tiempo y organizándose como movimiento social y político, hasta cristalizar en la exacerbación del actual nacionalismo separatista, causa y origen de la embestida soberanista que pone en riesgo tanto la unidad territorial de España como la pacífica e interactiva convivencia entre los ciudadanos catalanes y los del resto de comunidades autónomas del estado. Es un hecho constatable y, por ende, incontestable que del nacionalismo moderado se pasó, en relativamente poco tiempo, a su versión más radical y extremista. El autor de este comentario quiere poner de relieve ante los lectores que cada día se descubren actitudes y conductas independentistas más surrealistas y abyectas. Y, hasta tal punto esto es así, que existen tramas sociopolíticas organizadas para agitar los sentimientos independentistas en los diversos foros y ámbitos de la sociedad.

En cualquier caso, no debiera olvidarse que el nacionalismo por su propia definición y naturaleza es beligerante, reivindicativo, sectario, perverso en su discurso y totalitario en los métodos y medios utilizados para lograr sus objetivos, debiendo señalar que, en ocasiones, puede llegar a ser muy problemático y dañino no sólo para la buena convivencia ciudadana sino también para el logro de su bienestar. Pero la bajeza moral de los separatistas en general tuvo y tiene como exponente máximo la manipulación y el engaño de las personas social y culturalmente débiles, a saber, con bajo perfil cultural y escasos recursos económicos, hecho que puede ser calificado como puro totalitarismo nazista.

A la hora de enjuiciar los quiméricos desafíos independentistas, debe de tenerse en cuenta que la ciudadanía, sea en el caso de Cataluña o en otros, no necesita la secesión, pero, en cambio, sí los corruptos. Centrándose en el candente tema del conflicto catalán, el autor de este análisis entiende que, al final de esta confrontación con cierto trasfondo belicoso, tiene que haber perdedores y ganadores, pues sería inconcebible, penoso y lamentable que el Estado de Derecho perdiera el pulso planteado por los separatistas catalanes a la propia Jefatura de la Nación y a los españoles. 

Tampoco puede haber diálogos ni negociaciones que no pasen por el cumplimiento de la legalidad vigente, razón que lleva a concluir que, para la solución de este conflicto, no pueden el Gobierno y los partidos políticos constitucionalistas ampararse en una política de cesiones y concesiones. Seguir esta vía, supondría sentar un nefasto precedente en España, que, en el futuro, afectaría a la estabilidad de las instituciones del Estado y no contribuiría en absoluto al fortalecimiento de la democracia, ya bastante debilitada, ni a la libertad individual y social de las personas.

Por lo demás, a estas alturas, y con las posiciones radicalizadas de los soberanistas, cualquier intento de diálogo resultaría estéril, como también lo son las expectativas de que culmine con “éxito” este quimérico y desafiante sueño independentista. Por lo demás, esta pretensión rupturista de los independentistas es una pantomima montada sobre bases ilegales, carente de rigor histórico y contraria al sentido común y a la racionalidad. Pero partiendo de la hipótesis de que toda esta bananera farsa separatista vaya a ser desmontada por el imperio de la ley, es incuestionable que quedarán los rescoldos de los odios sembrados por las mentiras de los independentistas y, a mayor abundamiento del despropósito, una honda fractura social y también la preocupante división entre los ciudadanos de Cataluña y España. De suerte que, en adelante, lo difícil será restañar las heridas abiertas por los odios sembrados, recomponer la fractura social y restablecer la confianza entre unos y otros. Y, por otra parte, cabe preguntarse cuál será la decisión que tomen los fiscales y jueces en relación a los supuestos delitos de desobediencia, desacato, malversación de fondos públicos, prevaricación y también con respecto al de rebelión de los sediciosos. 

Cierto es que las causas de estas derivas sociales y políticas fueron multifactoriales, pero deben de ser señaladas y remarcadas especialmente aquellas que más detesta la sociedad, como son, entre otras, la ausencia de auténticos líderes políticos y sociales, dentro y fuera de España, como de igual modo la de hombres de Estado, como en tiempos pretéritos. Pero, sobre todo, la cobardía de la mayoría de los dirigentes sociales, políticos institucionales. De ahí que se puede afirmar sin rodeos que muchos ciudadanos desaprueban las manifestaciones tibias y ambiguas de los personajes públicos que representan a prestigiosas e influyentes instituciones. 

A día de hoy, se echan en falta estadistas de la talla sociopolítica y autoridad moral, como la que tenían Adolfo Suárez González, Manuel Fraga Iribarne, Felipe González Márquez, Santiago Carrillo Solares, Nicolás Redondo Urbieta, Marcelino Camacho Abad. Y al respecto, en opinión de este comentarista, sólo Mariano Rajoy Brey está teniendo una actitud política de hombre de estado, secundado por el Albert Rivera Díaz, presidente del partido Ciudadanos. Los demás dirigentes políticos españoles, distan mucho de estar a la altura de las circunstancias sociales y políticas del dramático momento actual.    

Por Antonio José Parafita Fraga, escritor y comentarista de temas sociales y políticos.

Del Blog VERBO SUELTO del autor, cuyo enlace es verbosuelto.blogspot.com 











































ticeramente por unos políticos alucinados, chantajistas, mentirosos y fabricadores de vacuas ilusiones y embu                        stes varios, orientados a propalar una imagen antipática de España, con la torticera finalidad de desprestigiarla y también con el claro propósito de eludir determinadas responsabilidades que pudieran derivarse tanto de los supuestos delitos de corrupción como de los de la fraudulenta gestión que llevaron a cabo los últimos gobiernos de la Generalidad de Cataluña, se puede vislumbrar en el horizonte social y político de España una especie de narcolepsia ideológica, al menos temporal, de los fervores del nacionalismo radical.








Ahora bien, aun cuando los nacionalismos estuvieron presentes y actuantes en Europa desde finales del siglo XVIII, conviene señalar que no siempre fueron concebidos como movimientos sociales y políticos sino que también lo fueron como sentimientos patrióticos, pero, en ambos casos, han constituido un problema para la convivencia pacífica entre los ciudadanos de muchos países del Viejo Continente. Es de esperar que, tras la decepción sufrida, se apacigüe y atempere un poco el ánimo de los nacionalistas antisistema de nuevo cuño. 

Pero en Cataluña, por ejemplo, el sentimiento nacionalista ha ido reforzándose con el paso del tiempo y organizándose como movimiento social y político, hasta cristalizar en la exacerbación del actual nacionalismo separatista, causa y origen de la embestida soberanista que pone en riesgo tanto la unidad territorial de España como la pacífica e interactiva convivencia entre los ciudadanos catalanes y los del resto de comunidades autónomas del estado. Es un hecho constatable y, por ende, incontestable que del nacionalismo moderado se pasó, en relativamente poco tiempo, a su versión más radical y extremista. El autor de este comentario quiere poner de relieve ante los lectores que cada día se descubren actitudes y conductas independentistas más surrealistas y abyectas. Y, hasta tal punto esto es así, que existen tramas sociopolíticas organizadas para agitar los sentimientos independentistas en los diversos foros y ámbitos de la sociedad. 

En cualquier caso, no debiera olvidarse que el nacionalismo por su propia definición y naturaleza es beligerante, reivindicativo, sectario, perverso en su discurso y totalitario en los métodos y medios utilizados para lograr sus objetivos, debiendo señalar que, en ocasiones, puede llegar a ser muy problemático y dañino no sólo para la buena convivencia ciudadana sino también para el logro de su bienestar. Pero la bajeza moral de los separatistas en general tuvo y tiene como exponente máximo la manipulación y el engaño de las personas social y culturalmente débiles, a saber, con bajo perfil cultural y escasos recursos económicos, hecho que puede ser calificado como puro totalitarismo nazista. 

A la hora de enjuiciar los quiméricos desafíos independentistas, debe de tenerse en cuenta que la ciudadanía, sea en el caso de Cataluña o en otros, no necesita la secesión, pero, en cambio, sí los corruptos. Centrándose en el candente tema del conflicto catalán, el autor de este análisis entiende que, al final de esta confrontación con cierto trasfondo belicoso, tiene que haber perdedores y ganadores, pues sería inconcebible, penoso y lamentable que el Estado de Derecho perdiera el pulso planteado por los separatistas catalanes a la propia Jefatura de la Nación y a los españoles. Tampoco puede haber diálogos ni negociaciones que no pasen por el cumplimiento de la legalidad vigente, razón que lleva a concluir que, para la solución de este conflicto, no pueden el Gobierno y los partidos políticos constitucionalistas ampararse en una política de cesiones y concesiones. Seguir esta vía, supondría sentar un nefasto precedente en España, que, en el futuro, afectaría a la estabilidad de las instituciones del Estado y no contribuiría en absoluto al fortalecimiento de la democracia, ya bastante debilitada, ni a la libertad individual y social de las personas. 

Por lo demás, a estas alturas, y con las posiciones radicalizadas de los soberanistas, cualquier intento de diálogo resultaría estéril, como también lo son las expectativas de que culmine con “éxito” este quimérico y desafiante sueño independentista. Por lo demás, esta pretensión rupturista de los independentistas es una pantomima montada sobre bases ilegales, carente de rigor histórico y contraria al sentido común y a la racionalidad. Pero partiendo de la hipótesis de que toda esta bananera farsa separatista vaya a ser desmontada por el imperio de la ley, es incuestionable que quedarán los rescoldos de los odios sembrados por las mentiras de los independentistas y, a mayor abundamiento del despropósito, una honda fractura social y también la preocupante división entre los ciudadanos de Cataluña y España. De suerte que, en adelante, lo difícil será restañar las heridas abiertas por los odios sembrados, recomponer la fractura social y restablecer la confianza entre unos y otros. Y, por otra parte, cabe preguntarse cuál será la decisión que tomen los fiscales y jueces en relación a los supuestos delitos de desobediencia, desacato, malversación de fondos públicos, prevaricación y también con respecto al de rebelión de los sediciosos. 

Cierto es que las causas de estas derivas sociales y políticas fueron multifactoriales, pero deben de ser señaladas y remarcadas especialmente aquellas que más detesta la sociedad, como son, entre otras, la ausencia de auténticos líderes políticos y sociales, dentro y fuera de España, como de igual modo la de hombres de Estado, como en tiempos pretéritos. Pero, sobre todo, la cobardía de la mayoría de los dirigentes sociales, políticos institucionales. De ahí que muchos ciudadanos desaprueban las manifestaciones tibias y ambiguas de los personajes públicos que representan a prestigiosas e influyentes instituciones. A día de hoy, se echan en falta estadistas de la talla sociopolítica y autoridad moral, como la que tenían Adolfo Suárez González, Manuel Fraga Iribarne, Felipe González Márquez, Santiago Carrillo Solares, Nicolás Redondo Urbieta, Marcelino Camacho Abad. Y al respecto, en opinión de este comentarista, sólo Mariano Rajoy Brey está teniendo una actitud política de hombre de estado, secundado por el Albert Rivera Díaz, presidente del partido Ciudadanos. Los demás dirigentes políticos españoles, distan mucho de estar a la altura de las circunstancias sociales y políticas del dramático momento actual. 

Por Antonio José Parafita Fraga, escritor y comentarista de temas sociales y políticos.
Del Blog VERBO SUELTO del autor, cuyo enlace es verbosuelto.blogspot.com


























lunes, 9 de octubre de 2017

(VERBO SUELTO)

DESAFÍO SECESIONISTA, DIÁLOGOS ESTÉRILES Y COBARDÍAS EQUIDISTANTES.  

Por Antonio José Parafita Fraga, escritor y comentarista de temas sociales políticos.

Del Blog VERBO SUELTO del autor, cuyo enlace es verbosuelto.blogspot. com

Desde finales del siglo XVIII, los nacionalismos no siempre fueron concebidos como movimientos sociales y políticos sino que también lo fueron como sentimientos patrióticos, pero en ambos casos han constituido un problema para la convivencia pacífica entre los ciudadanos de los países en que estaba implantado y fuertemente enraizado. En Cataluña el sentimiento nacionalista fue ganando terreno y organizándose como movimiento social y político hasta convertirse en la denominada cuestión del nacionalismo separatista catalán, que fue causa y origen del actual desafío independentista. 

Del nacionalismo moderado se pasó en relativamente poco tiempo a su versión más radical y extremista. Este comentarista quiere poner de manifiesto ante los lectores, y resaltar, que cada día se descubren actitudes y conductas independentistas que son realmente patéticas, surrealistas y abyectas. Y, hasta tal punto es así, que incluso existen catalogadas tramas de unos 54 grupos religiosos y políticos laicos que agitan los sentimientos independentistas en algunas iglesias catalanas, evidentemente no en todas.
Estamos, pues, en algo parecido a una parodia del comienzo de las actuaciones circenses, van a ver ustedes, honrados y pacientes ciudadanos, lo más difícil todavía sobre la alocada pretensión de dividir y romper la unidad de España, así como de violentar la convivencia pacífica y cohesionada entre todos los españoles, sean de la región o autonomía que sea. Y justamente, las actuales circunstancias constituyen el contexto del parodiado espectáculo circense. Como suele decir este articulista a los lectores de sus colaboraciones, es importante que cada uno extraiga sus propias conclusiones y haga las reflexiones que estime pertinentes sobre el hastío y empalago que ocasiona el cansino tema del secesionismo catalán.
En cualquier caso, no debiera olvidarse que el nacionalismo por su propia definición y naturaleza es beligerante, reivindicativo, sectario, perverso en su discurso y en los métodos y medios utilizados para lograr los objetivos marcados, debiendo señalar que cuando se exacerba puede llegar a ser muy problemático y dañino para la convivencia pacífica entre los ciudadanos de bien. Pero la bajeza moral de los separatistas tuvo y tiene como exponente máximo la utilización de los menores y el abuso de la inocencia de los niños para un referéndum ilegal, hecho que puede ser calificado como nazismo puro y duro. Menos mal que, por fin, los padres de los menores han reaccionado denunciando su utilización por parte de los fanáticos golpistas.   
No obstante, a la hora de enjuiciar este quimérico desafío independentista catalán, los lectores y quienes no lo sean deben de tener en cuenta que los catalanes no necesitan la secesión, pero, en cambio, los corruptos, sí. Asimismo, el autor de este análisis entiende que al final de esta confrontación con cierto trasfondo belicoso, tiene que haber perdedores y ganadores, pues sería inconcebible, penoso y lamentable que fuera el Estado de Derecho el que perdiera el pulso planteado por los separatistas catalanes a la propia Jefatura de la Nación y a los españoles. 

Tampoco puede haber diálogos ni negociaciones que no pasen por el cumplimiento de la legalidad vigente, por lo que para la solución de este conflicto no pueden el Gobierno y los partidos políticos constitucionalistas ampararse en una política de cesiones y concesiones. Seguir esta vía, supondría sentar un nefasto precedente en España que en el futuro afectaría a la estabilidad de las instituciones del Estado y al fortalecimiento de la democracia ya bastante debilitada.
Por lo demás, a estas alturas y con las posiciones radicalizadas de los secesionistas, cualquier intento de diálogo resultaría estéril como también lo son las expectativas de que culmine este quimérico y desafiante sueño independentista catalán. Por lo demás, esta pretensión rupturista de los independentistas catalanes es una pantomima montada sobre bases ilegales, carente de rigor histórico y, por encima, atenta contra el sentido común y la racionalidad. Pero partiendo de la hipótesis de que toda esta bananera farsa separatista quede desmontada, es incuestionable que quedarán los rescoldos de los odios sembrados por las mentiras de los independentistas entre los catalanes y el resto de  españoles, así como la fractura social y división entre los ciudadanos de Cataluña y España. 

De suerte que lo difícil, a partir del día 2 del próximo mes de Octubre de 2017, va a ser restañar las heridas abiertas por los odios sembrados, recomponer la fractura social y restablecer la confianza entre unos y otros. Y, por otra parte, cabe preguntarse cuál será la decisión que tomen los fiscales y jueces en relación a los supuestos delitos de desobediencia, desacato, malversación de fondos públicos, prevaricación y también con respecto al de rebelión de los sediciosos.  
Cierto es que las causas de estas derivas sociales y políticas fueron multifactoriales, pero deben de ser señaladas y remarcadas especialmente aquellas que más detesta la sociedad, como son, entre otras, la ausencia de auténticos líderes políticos y sociales, dentro y fuera de España, como de igual modo la de hombres de Estado, como en tiempos pretéritos. Pero, sobre todo, la cobardía de la mayoría de los dirigentes sociales, políticos institucionales. De ahí que se puede afirmar sin rodeos que muchos ciudadanos desaprueban las manifestaciones tibias y ambiguas de los personajes públicos que representan a prestigiosas e influyentes instituciones, como la Iglesia católica, que a través  de  su máximo órgano de gobierno, la Conferencia Episcopal Española, emitió un débil y confuso comunicado, cuyas tachas señalaremos más adelante. 


A día de hoy, se echan en falta estadistas de la talla sociopolítica y autoridad moral, como la que tenían Adolfo Suárez González, Manuel Fraga Iribarne, Felipe González Márquez, Santiago Carrillo Solares, Nicolás Redondo Urbieta, Marcelino Camacho Abad. Y, en opinión de este comentarista, sólo Mariano Rajoy Brey está teniendo una actitud política de hombre de estado, secundado por Albert Rivera Díaz, presidente del partido Ciudadanos. Los demás dirigentes políticos españoles, distan mucho de estar a la altura de las circunstancias sociales y políticas del momento actual. 

Finalmente, el Presidente de la Conferencia Episcopal Española, al final de la Comisión Permanente de los Obispos, leyó un Comunicado, aprobado por unanimidad, según él, que el autor del presente comentario escuchó con tanto interés como expectación, a través del cual los Prelados hacen un llamamiento al diálogo entre el Gobierno Central, que es plenamente democrático y en tales términos actúa, y el de la Generalidad catalana, claramente antidemocrático, porque por sistema lo hace al margen de la legalidad constitucional, estatutaria y jurisdiccional, como vía de solución al conflicto entre España y Cataluña. Con respecto a este tibio, ambiguo y acrítico comunicado episcopal, debo señalar que el problema catalán lo vienen planteando desde tiempo inmemorial los separatistas catalanes, no el resto de los pacíficos ciudadanos españoles, y menos aún el Estado. Por otra parte, el Gobierno de la Nación ofreció al de Cataluña dialogar cuanto fuese preciso pero dentro de la Ley y el Derecho. Pero, en cambio, a los independentistas catalanes no les interesaba realmente el diálogo sino sino llevar a cabo la tediosa mascarada del día 1 de Octubre para evitar ir a la cárcel por diferentes actuaciones delictivas, entre otras razones. 

En última instancia, éstos sólo pretendían y buscaban la complicidad del Gobierno de España para legitimar la secesión de Cataluña y, en consecuencia, la ruptura no sólo de la unidad social y política de este País sino también la su cohesión territorial, por encima de lo establecido en la Carta Magna como marco de convivencia. Lo que quieren es justificar el golpe de estado que están dando. Y, eso, Sres.Obispos, no está bien ni es justo situarse en la equidistancia. Los Sres. Obispos son muy libres de emitir comunicados, pero muchos de sus destinatarios opinamos que en la actual coyuntura social, política e institucional sería muy importante que, en los mismos, dedicaran algún párrafo a hacer autocrítica y además pedir perdón, por ejemplo, por el daño que producen, al menos desde el punto de vista evangélico, las incoherencias de los independentistas mediáticamente confesos, como son y están siendo las del Obispo de Solsona. 

Pero, en parecidos términos, se realizan las de un número indeterminado de sacerdotes catalanes; las de las populistas y demagógicas monjas Lucía Carám y Teresa Forcades, entre otras religiosas; las del abad de Montserrat; las de algunos sacerdotes vascos y las otros clérigos que, con sus soflamas de marcado carácter separatista sobre el derecho a decidir y a la autodeterminación de los pueblos-regiones-, en modo alguno propician ni favorecen la convivencia pacífica y fraternal entre los ciudadanos de las distintas comunidades autónomas de España, y sí, en cambio, contribuyen a romper la unidad territorial de este país y a destruir el actual sistema de relaciones interpersonales, cuyo marco legal está constituido por la Constitución de 1978, los Estatutos de Autonomía y las Sentencias de los Tribunales.

Ustedes, Sres Obispos, verán lo que dicen y hacen ante esta dramática e histórica situación. Instalarse en la cobardía para ampararse en ella, no es buen ejemplo ni estímulo para los ciudadanos en general y menos aún para los creyentes cristiano- católicos. El caso es que, en opinión de algunos medios de comunicación, la Conferencia Episcopal con pronunciamientos tan tibios, ambiguos, cobardes y con aparente escasa implicación y compromiso, no contribuye de manera efectiva a desactivar el fuego de la confrontación social y política sino que, en cierto modo, lo aviva. A este paso, de no mediar una rectificación por parte de los responsables de la institución eclesiástica, van a tener que marcar la X en la Declaración de la Renta los sediciosos golpistas. 

Por Antonio José Parafita Fraga, escritor y comentarista de temas sociales y políticos.

Del Blog VERBO SUELTO del autor, cuyo enlace es verbosuelto.blogspot.com