viernes, 5 de febrero de 2016

ENQUISTADAS Y NEFASTAS CORRUPTELAS. 

 SISTEMA DEMOCRÁTICO SOCAVADO E INSTITUCIONES DESPRESTIGIADAS.

  Por Antonio José Parafita Fraga, escritor y comentarista de temas sociales y políticos. Del Blog VERBO SUELTO del autor, cuyo enlace o link es: verbosuelto.blogspot.com


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España es el único país que se acuesta monárquico y se levanta republicano. Fueron las palabras que pronunció, en la madrugada del 13 de abril de 1931, el almirante Juan Bautista Aznar Cabanas, jefe del Gobierno de la Monarquía, con cuyo histórico titular ha quedado  proclamada la II República. Y este fue, sin duda, uno de los acontecimientos más relevantes del siglo XX, especialmente porque las expectativas de modernidad generadas en torno al régimen republicano, se frustraron con un trágico final y un estrepitoso fracaso, que más tarde serviría de punto de partida y apoyo para impulsar una posterior  transición pacífica a la democracia.  
Tal hecho histórico, se trae a colación no porque en la actualidad haya sucedido o  esté a punto de suceder algo similar, al menos de momento, en cuanto a que la sociedad española haya pasado sin preámbulos de tener un gobierno de centro derecha a otro frentista de izquierdas, republicano y laicista, sino más bien debido a que las elecciones municipales, autonómicas y generales celebradas a lo largo del 2015, supusieron un anticipo de cambios en el modo de hacer política y gobernar en este país, más allá de las formas tradicionales que imponían las alternancias bipartidistas. Dicho lo anterior a modo de simple y mera introducción, este comentarista de temas políticos quiere centrar su reflexión y análisis en el contenido que sugiere el propio título del artículo publicado.
A propósito de la corrupción, los lectores de este prestigioso diario deben saber que el tema de las abominables y sistémicas trapacerías políticas, llevadas a cabo por algunos cargos públicos poco dados a ejercerlos con criterios de honradez personal y dignidad política, es una constante en las democracias jóvenes y debilitadas por conductas irregulares, que limitaron la consolidación del sistema político consagrado en España por la Constitución de 1978. De ahí que las prácticas de corrupción, vienen estando presentes en el escenario español, público y privado, desde los inicios de la democracia hace varios lustros, habiéndose extendido, en mayor o menor grado e intensidad, como una lacra infecta y dañina, por casi todas y cada una de las regiones o autonomías del Estado, en razón no sólo de su magnitud sino también de la resonancia mediática de las actuaciones presuntamente delictivas de los corruptos y corruptores. Los lectores también deben percatarse de que, según la última encuesta del CIS, decrece la preocupación por el paro y aumenta por la corrupción. Por eso, es importante y de máxima urgencia que los actuales actores políticos y sociales, sin excepción alguna, acuerden y pongan en marcha planes de regeneración política y democrática.
Por tal motivo, en este artículo de opinión se mencionan, de manera un tanto aleatoria, pero siempre respetando la presunción de inocencia y a la espera de las correspondientes resoluciones judiciales, las conocidas y específicas operaciones sobre diversos entramados de corrupción, llevadas a cabo por la UDEF,Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal de la policía, y la UCO, Unidad Central Opertativa de la guardia civil, en las comunidades autónomas de Andalucía, Aragón, Castilla La Mancha, Cataluña, Galicia, Islas Baleares, Madrid, Valencia, entre otras. Salta a la vista que estos desafueros políticos y administrativos, fueron erosionando poco a poco la propia democracia, causándole un deterioro de difícil reparación y escasas posibilidades  regeneradoras del dañado sistema político español, al menos a corto plazo.
Asimismo, tales prácticas execrables generaron gran descontento ciudadano y contribuyeron decididamente al descrédito de la política- clase política- y de las instituciones del Estado. En consecuencia, se puede afirmar que la corrupción no es un fenómeno de reciente aparición, sino que se remonta a los comienzos de la misma etapa democrática. Hay que reparar en que dentro de los gobiernos de signo dictatorial o totalitario no proliferan, por motivos obvios, estas conductas corruptas de manera tan generalizada.
El hastío del pueblo, es directamente proporcional a la propagación generalizada de los casos de corruptelas y felonías. Por su parte, los medios de comunicación vienen ofreciendo como una realidad palmaria que la política y el sindicalismo en España no gozan en la actualidad de la simpatía ni aceptación de una considerable parte de la sociedad, motivo por el que ésta manifiesta y muestra cada vez con menos ambigüedad, mayor contundencia y de manera más radical su escepticismo, desconfianza y rechazo hacia los partidos políticos y las organizaciones sindicales.
Por otra parte, no son pocos los ciudadanos que perciben que la actitud de determinados dirigentes de los nuevos partidos políticos, no se significa precisamente por luchar contra las dictaduras totalitarias sino por recibir de ellas ayudas y subvenciones. Se pone sólo un ejemplo de sus muchas incoherencias y contradicciones. Es aventurado y gratuito afirmar que  estas formaciones políticas emergidas sean o vayan a ser realmente reformistas y regeneracionistas. 

También se está propalando la idea de que la regeneración democrática y la dignificación de la vida pública, deben comenzar por elegir a los jóvenes y eliminar a los mayores en el ejercicio de la política, lo que equivaldría, ni más ni menos, a hacer gobiernos preferentemente de jóvenes oefebocráticos frente a gobiernos de hombres probos o mayores honorables y experimentados ogerontocráticos. Y, justamente, a propósito de la efebocracia, debe tenerse en cuenta que el joven puede llegar a ser viejo, pero el viejo ya no puede volver a ser joven. Por lo demás, recuérdese que el joven conoce las reglas, en cambio el viejo- el mayor- las excepciones.
De suerte que la lucha política que se está librando en la sociedad española, más que ideológica es generacional. El inmovilismo ya no renta, se dice como estrategia. La comunicación política exige un plus de celeridad, imaginación y perspicacia, ya que además de marketing político hay que tener un buen programa para la gestión de las cuestiones que atañen a los intereses de todos los ciudadanos.
La falta de adaptación de los partidos políticos tradicionales a los nuevos tiempos y formas de comunicación y expresión de sus ideas y proyectos, se ha convertido en un defecto endémico y un mal crónico de muy difícil encaje en la mentalidad de las nuevas generaciones. Este profundo convencimiento produce  a en los ciudadanos apatía, indiferencia y aversión hacia los gestores públicos. Y, por lo demás, el gran problema de la nueva izquierda fue y es su sentido de la superioridad moral sobre una derecha modernizada, comedida y dialogante, como es actualmente la española.  
Los habituales lectores de las publicaciones de este comentarista, recordarán que en el artículo anterior, de fecha 14 de enero de 2016, se aseveraba que en España existe una profunda CRISIS DE LIDERAZGOS POLÍTICOS Y SOCIALES. Y esta ausencia de líderes con altura de miras y visión política de hombres de estado, sigue condicionando el desbloqueo de la situación creada tras las elecciones del 20D de 2015 en cuanto al nombramiento del Presidente del Gobierno de España y a la consecución de la estabilidad política. Por otra parte, la desmesurada ambición política y los intereses personales, antepuestos al bien común de todos los ciudadanos, están impidiendo tomar los acuerdos necesarios para  constituir un gobierno estable y lograr el buen funcionamiento de las instituciones del Estado.
Al efecto, este comentarista sostiene que no siempre los electores aciertan al emitir su voto ni los candidatos presentados por los diferentes partidos políticos son los mejores, como probablemente haya ocurrido en las elecciones del pasado 20 de Diciembre. Cuestión ésta que puede poner de manifiesto que también en democracia el pueblo sí se puede equivocar y que los partidos políticos actúan, en ocasiones, al confeccionar las listas de candidatos, por intereses bastardos y criterios espurios. Son conocidos los clásicostiberios que se arman en los partidos con motivo de la confección de las listas electorales.
Resulta fácilmente constatable que los ciudadanos llegaron al máximo grado de hartazgo por la sórdida actuación de la clase política, siendo, por ello, cierto que cada vez toleran peor y soportan menos lascanallescas tropelías que se cometen a la sombra de los poderes públicos, partidos políticos, sindicatos y demás organizaciones sociales. Pero el caso es que el pueblo contempla atónito y sin resuello cómo la clase o casta política subvierte los valores y principios del menos malo de los sistemas o regímenes, la democracia. Por otra parte, es incuestionable que la corrupción fue, en cierto modo, responsable del finiquito del bipartidismo político tradicional y también de la aparición y auge de los populismos emergentes en España, pero, sobre todo, estuvo en el origen de la destrucción del tejido empresarial y, por ende, en la perturbación de la creación de empleo y el crecimiento del paro.
Las grandes tramas corruptas de los últimos tiempos, asfixiaron a un bipartidismo acechado por las nuevas formaciones políticas. Y, de modo parecido, contribuyeron a acentuar  las desigualdades sociales y el incremento de la pobreza de muchos ciudadanos a costa del enriquecimiento de tan sólo unos pocos. ¡Gran injusticia social, como ponen de relieve los datos aportados, y otros, que, al analizarlos con detenimiento, inducen a las personas sensibles y de buena voluntad a clamar a todos los cielos y dioses por un reparto más equitativo de los bienes que son comunes entre todos los ciudadanos!. Lo que precede, equivale a elevar a categoría de verdad incontrovertible el espeluznante aserto de que en la última década en este país se posibilitó el que toda la riqueza se acumulara en tan sólo unos pocos, razón por la que, al desaparecer la clase media, el resto de la ciudadanía quedó reducida a los espacios de umbrales de pobreza y miseria, y a las sombrías zonas de la indecencia cívico/social, política y moral.
Toda esta fenomenología de la corrupción en la mayoría de las instituciones del Estado, dio paso a la formación de un más que censurable biculturalismo social, político y sindical, por la primacía de undeliberado bipartidismo imperfecto y un bisindicalismo amortizado, en detrimento de la necesaria y positiva diversidad, así como en perjuicio de la existencia de unas formas plurales de expresión, indispensables en una sociedad que se precie de ser abierta, democrática y libre, como teóricamente es la española. De este modo, se ha conformado una población integrada por muchos pobres, que cada vez son más pobres, ypocos ricos, que cada vez son más ricos. Y así, ha aumentado hasta límites infames la ominosa desigualdad y la funesta fractura social en España.
Convendría recordar lo dicho recientemente por un alto cargo de la Generalidad de Cataluña: arreglaremos en los despachos lo que nos nieguen las urnas y que los pactos que se están planteando son en realidad de perdedores, aparte de fraudulentos y antagónicos en puridad democrática,  porque no gobierna quien obtiene mayor número de votos e incluso de escaños, sino quien o quienes, mediante argucias y tretas astutas, pretenden hacer valer el criterio de las mayorías parlamentarias, constituidas por formaciones políticas heterogéneas e ideológicamente opuestas, en lugar de que prevalezcan las mayorías democráticas basadas en los resultados electorales y los votos  de los ciudadanos. Todo lo demás, son  sólo chanchullos, componendas y artificios de naturaleza claramente antidemocrática. Y, en todo caso, bajo ningún concepto son admisibles, en una democracia moralmente seria y solvente, pactos excluyentes.
Hay que señalar que los gobernados suelen disculpar la mediocridad e idiocia de los gobernantes, pero no perdonan su colaboración, por acción, complicidad u omisión, al desarrollo y mantenimiento de un régimen cleptocrático, basado en la institucionalización sistémica de las corruptelas, cuyos principales exponentes actuales, dentro de la amplia gama de casos publicados por los medios de comunicación, son el nepotismo de nuevo cuño, el clientelismo de la progresía o clientelismo progresista, el despilfarro y desfalcopretextados como benéficos, la estafa y malversación de fondos públicos con fines supuestamente  sociales. Es preocupante que algunas de estas acciones, presuntamente delictivas, quedan impunes, debido a que, en muchos ámbitos del poder y en determinados sectores de la sociedad, ciertas prácticas corruptas se han generalizado tanto que la ciudadanía tuvo y todavía sigue teniendo la percepción de que son normales,  por el hecho de estar afectado todo el sistema político y económico español.  
En otro orden de cosas, y a la hora de formalizar estos pactos postelectorales, de dudosa legitimidad democrática, orientados a conformar un gobierno estable, fuerte y lo más homgéneo posible, se subraya que la versatilidad y el vértigo de la incertidumbre política, así como el temor fundado y la sospecha razonable de quiebra de la estabilidad del sistema político español, debido a los vetos, reticencias, política de bandos y actitudes sectarias, contribuyen a disuadir a los emprendedores y a desacelerar el crecimiento de la economía. Dichos pactos, debieran establecerse con la finalidad de defender con firmeza la unidad y cohesión territorial del Estado, la indivisible soberanía nacional, la igualdad de oportunidades de todos los españoles, la creación de empleo y la mejora del estado del bienestar.
Y, en opinión de  este analista político, las posibilidades de que los actuales cuatro dirigentes políticospuedan formar un gobierno estable y capaz de acometer las reformas pendientes y necesarias para consolidar la plena recuperación económica, son más bien escasas. Sería muy lamentable que estos dirigentes antepusieran sus intereses personales o/y los del partido, como lo están haciendo, a los generales de todos los españoles. A tales efectos, se echan en falta políticos capaces de vertebrar y cohesionar esta España del primer tercio del siglo XXI.
Los ciudadanos y la historia pedirán cuentas a estos dirigentes del logro de los objetivos marcados por los electores y esperados por la ciudadanía en general. Sobre todo, se las demandarán si, a causa de su torpeza, poca generosidad y escaso sentido de estado, no son capaces de dialogar, negociar y alcanzar unos acuerdos de gobernabilidad, que favorezcan la reactivación de la economía, la creación de empleo, la regeneración política y democrática, y que éstos, en modo alguno, perjudiquen ni paralicen las inversiones. Además, se exige que estos pactos postelectorales, que, por cierto, debieran anunciarse antes de las elecciones, y no negociarlos a posteriori en los despachos, no sitúen a este país en los comienzos de un inconsistente nuevo orden social, económico, cultural y político ni en la zozobra de otra temida crisis política y económica de muy difícil solución y consecuencias futuras imprevisibles.
Por cuestiones varias, que incluyen la corrupción y el grave problema de la política migratoria, la Unión Europea está también a punto del colapso social y político. De ahí que tanto en la mayoría de los países de la UE como en España, faltan todavía por acometer muchas reformas y ajustes que entusiasmen de nuevo a la ciudadanía y frenen tanto el escepticismo como la caída libre en el desaliento individual y el desánimo colectivo. La solución no depende sólo de que los nuevos partidos pongan su especial acento, por ejemplo, en la necesidad de celebrar elecciones primarias para la elección de candidatos, sino en primar y defender criterios firmes, valores permanentes y principios sólidos que fortalezcan la periclitada democracia y la estabilidad del sistema político, español y europeo.
Además, es necesario romper cadenas y círculos viciosos para salir del maniqueísmo bueno-malo, blanco-negro, guapo-feo en el que estamos permanentemente sumergidos y de los postulados absurdos y contradictorios de los populistas y tiranos horteras. Y  como final del contenido de este párrafo, cabe resaltar en el contexto actual de la incipiente salida de la crisis, a juzgar por los claros indicios de recuperación de la economía, que las propuestas de gobernabilidad que propone la izquierda para este país, más que un pacto de progreso habría que llamarlo de retroceso, y ello, porque este país ya viene  progresando económica,  laboral y socialmente desde el año 2012.
En el proceso de negociación que se está llevando a cabo, deben evitarse algunas falacias que se camuflan bajo expresiones en apariencia inofensivas, tales como llamar laicidad extrema a lo que equivale a laicismo puro y duro, y esto, es conveniente aclararlo para no confundir a la ciudadanía. Pero otra falsedad denunciable fue presentar al centro derecha como el enemigo acérrimo e irreconciliable del centro izquierda, cuando la realidad es que sólo son adversarios políticos, y que, en cambio, el verdadero enemigo, que no adversario, del centro izquierda es la extrema izquierda, radical, intolerante, totalitaria y muy poco o nada dialogante. 
Craso error democrático y engañosa mendacidad fue y es también crear cordones sanitarios, nuevos pactos del Tinell y negar el pan y la sal del diálogo a los dirigentes de un partido político al que votaron mayoritariamente los electores españoles y que, consecuentemente, ganó las elecciones, debiendo, por tal motivo, ser éste el que gobernase con la colaboración de los demás contendientes políticos, en  vez de que lo  hiciese o haga una  amoldada alianza postelectoral de perdedores. Es, además, falaz y absurdo que con sólo 90 diputados se pretenda presidir el gobierno de este país y gobernarlo con el apoyo de organizaciones políticas dispuestas a romper la constitucional unidad territorial, acabar con la soberanía del conjunto de todos los españoles, entorpecer la convivencia pacífica entre  los ciudadanos y dejando inoculado el veneno de la inquina, el odio y los revanchismos que conducirán a la división confrontada entre las tristemente históricas dos Españas.
A la luz de la interpretación en sentido metafórico de la sentencia por la boca muere el pez, y, como diría el académico Julián Marías, por la palabra y sus acciones, muere el hombre, se puede deducir que la caída en picado del crédito, credibilidad y autoridad moral de los políticos y de los sindicatos en este país, tuvo, y sigue teniendo, causa y origen en deméritos propios, motivados por perversos comportamientos, que, por lo demás, merecieron la censura y reprobación de la misma sociedad. No debe olvidarse que están siendo los jueces y magistrados, quienes desaprueban, con sus resoluciones y sentencias judiciales, las prácticas éticamente indecorosas, reprobables y supuestamente delictivas de destacados miembros de algunas organizaciones políticas y socio/sindicales.
Con relación a esta particular cuestión del desprestigio político y sindical en este país, procede advertir que nadie debiera de rasgarse las vestiduras, dado que el espectacular hundimiento de los denominados entes sociales, no sobrevino de golpe y por sorpresa sino como consecuencia de los innumerables excesos en el ejercicio del poder político y/o sindical y de las bochornosas y sistemáticas acciones corruptas, llevadas a cabo por una parte de la instalada casta política y por algunas de las trasnochadas y caducas organizaciones sindicales, renuentes a llevar a cabo su particular transición hacia nuevas y diferentes formas de ejercer el sindicalismo.
Es ciertamente triste y lamentable poder constatar fehacientemente que la sociedad española quedó no sólo hipotecada por años sin término o tiempo indefinido, sino, y lo que es peor todavía, arruinada hasta la mendicidad, por culpa de los despilfarros, latrocinios, saqueos, apropiaciones indebidas y uso incorrecto de fondos públicos, así como por los enriquecimientos de unos pocos a costa del empobrecimiento de otros muchos, con el agravante de que estos últimos ciudadanos esquilmados ya pertenecían a una clase social media baja. Por lo que la indecencia conductual de los primeros se hace merecedora del más absoluto rechazo social.
Del Blog VERBO SUELTO del autor de este artículo, cuyo enlace o link es:  verbosuelto.blogspot.com


Un comentario

  • Ana gomez
    Estimado Sr. Parafita:
    Una vez más demuestra con su artículo que es buen conocedor de la abominable situación política e institucional por la que atraviesa nuestro país.Como usted ha manifestado en más de una ocasión, esta crisis ha acabado enterrándonos a todos los españoles en el mayor desconcierto y perplejidad, al ver cómo somos los tontos útiles…nosotros votamos pero ellos eligen.
    Le felicito por este nuevo ensayo.Ojalá los políticos que desgraciadamente nos dirigen tuviesen su claridad de ideas e inteligencia para resolver el despropósito en que estamos metidos.
    Quiero agradecer también a este medio de comunicación que nos permita a los lectores disfrutar de escritores pensadores que actúan con respeto y libertad de expresión,tan necesarios hoy.






















martes, 12 de enero de 2016


LIDERAZGOS INEXISTENTES Y
ESTUPIDEZ GLOBALIZADA.

GLOBALIZACIÓN DE LA ESTUPIDEZ HUMANA.  
CRISIS DE LIDERAZGOS POLÍTICOS Y SOCIALES


Por Antonio José Parafita Fraga, escritor y comentarista de temas sociales y políticos.

Del Blog VERBO SUELTO del autor, cuyo enlace o link es verbosuelto.blogspot.com

El panorama político español se enrarece y complica cada día más por la manifiesta incompetencia e inacción de los actuales dirigentes, actores sociales y políticos, para lograr consensos y llegar a unos acuerdos de gobernabilidad estable que redunden en beneficio del interés general de todos los ciudadanos y por anteponer con evidente torpeza y miopía política sus irrefrenables ansias de ostentar el poder político y ejercer el control omnímodo sobre sus formaciones que dirigen a una visión de estado o país. Con muy poca propiedad se vienen denominando líderes a quienes no son más que simples dirigentes de partidos. Y, hoy por hoy, muchos de estos emergidos, que presumen de ser los únicos que enarbolan la bandera de la transparencia, sólo sobresalen por sus actitudes y comportamientos arrogantes, a veces prepotentes y soberbios, así como por un marcado sectarismo totalitario. Se presentan ante la opinión pública como expresión y símbolos políticos de un regeneracionismo anticasta o/y antisistema, pero que nada más atisbar o tocar el poder ya han adoptado las mismas conductas de esa casta política que con tanto ahínco denostaban y con acritud criticaban. El autoritarismo es una constante nota característica de su carta de presentación, en cambio, no lo son el diálogo tolerante ni la afabilidad.
La ineptitud de estos pseudopatriotas y pseudodemócratas radicales y extremistas- de escasas y dudosas convicciones patrióticas y democráticas- pone de relieve no sólo la existencia de una crisis de liderazgos sociales y políticos sino también la carencia de hombres con sentido de estado y patriótico. Y ello, como es razonable pensar, obstaculiza el logro de unos acuerdos consistentes y firmes que propicien y garanticen la unidad de España, la soberanía de todos los españoles y la estabilidad política, en orden a impulsar las reformas transformadoras que todavía están pendientes y que son imprescindibles para facilitar y conseguir la definitiva reactivación de la incipiente recuperación económica y para alcanzar una mayor y mejor empleabilidad. Resulta, pues, obvio que la aludida carencia de talentos políticos con verdadero talante democrático entre los candidatos a gobernar y dirigir la nación española en esta compleja, azarosa y delicada coyuntura situacional política, económica, cultural y social, está retrasando o, al menos, limitando que éstos, ya de por sí mediocres y de indisimulada bisoñez político/administrativa, retomen de modo atinado y sensato la acertada senda de la mejora y el progreso del deteriorado y mermado bienestar social. Y, asimismo, esa falta de madurez intelectual y política impide o dificulta restablecer, fortaleciéndolo, el debilitado Estado Social y Democrático de Derecho. De suerte que, hacer lo contrario, oponiéndose a estas prioridades socio/políticas, constituye una actitud de auténtica irresponsabilidad por parte de quien fue elegido para servir a los ciudadanos y no para atender prioritariamente los asuntos personales o de partido. En consecuencia, anteponer lo personal y partidista al bien común del pueblo, sería la antítesis del noble ejercicio de la política.  

En los últimos tiempos, la ciudadanía está teniendo la impresión de que la española se está convirtiendo en una democracia populista y de que España está en manos de algunos miopes barones de PSOE y de otros tantos zarrapastrosos personajillos de la CUP. Y, sobre este particular, son muchos los españoles que muestran su temor a que en este país se pueda conformar un gobierno marxista populista de corte leninista. Hasta tal punto este temor es un hecho y una realidad palpable, que este tipo de populismo español ya preocupa, y mucho, en Europa. Pero lo realmente preocupante es que también en los mercados se acusa dicho temor e inquietud a la hora de plantear sus inversiones. Hay que destacar que en esta parte del mundo occidental, los populistas están actualizando el conocido y denominado en el pasado arbitrismo o corriente de pensamiento político y económico desarrollado en la segunda mitad del siglo XVI y primera mitad del XVII, pensamiento intelectualmente vinculado a la Escuela de Salamanca. Por otra parte, este populismo radical, fanático e intolerante está impregnando las mentes de muchos ciudadanos, incautos y de escasa formación intelectual y cultural, por la vía de las utopías y por la de la presentación engañosa de un mundo lleno de mentiras, vulgaridades y fantasías. El caso es que, sin lugar a dudas, la sociedad tendrá que contemplar en el futuro este fenómeno con inusitada pasividad, por aquello de que no se echa de menos la enfermedad cuando uno ya se ha curado.

Conviene no olvidar que hay una serie de factores y circunstancias que condicionan y limitan un mayor avance en la recuperación económica, ralentizan la creación de puestos de trabajo e impiden una mayor aceleración en la consolidación del quebrado Estado de Derecho, a la vez que pueden contribuir a empobrecer más todavía el bienestar social. En tal sentido, hay que tener en cuenta que el nacionalismo, sobre todo el separatista, las ambigüedades, indefiniciones y vacilaciones políticas, así como la desconfianza de las instituciones internacionales lastran sobremanera, como ya ha ocurrido en recientes tiempos pasados, la positividad de algunos indicadores de recuperación, como ha sido el caso de la bolsa española a lo largo de casi todo año 2015. Huelga decir, pues, que la falta de un gobierno estable puede generar incertidumbres, retracciones inversoras y frenar la deseada recuperación. Tanto es así que muchos economistas, empresarios y ETTs vaticinan más empleo pero también mayor temporalidad- medio millón de puestos de trabajo son los previstos, pero, eso sí, de mayor precariedad-. El creciente envejecimiento de la población española y el alto grado de desempleo siguen haciendo mella en los números de la seguridad social. Actualmente, hay 2,16 cotizantes por cada pensionista, el nivel más bajo en quince años. Los expertos creen y estiman que sólo Madrid, Baleares, Canarias y Murcia serán las únicas comunidades capaces de sostener con sus ingresos las nóminas de los jubilados.

A día de hoy, en España hay un elevado número de dirigentes políticos iletrados, sectarios e ideológicamente condicionados por el principio de la obediencia debida a sus jefes y mentores. Pero, en cambio, como queda dicho anteriormente, no existen auténticos líderes carismáticos, sagaces y de probada capacidad para buscar y aportar soluciones orientadas a sacar a este país de la laberíntica y confusa encrucijada social y política en la que se encuentra inmerso. Es ésta una de las razones que llevan a echar en falta a hombres y mujeres con capacidad para interpretar la nueva situación creada tras la tremenda crisis padecida y todavía no superada del todo; personas que sean capaces de remar contra corriente e incluso que tengan el coraje de impacientar a sus electores, si fuese preciso, para llevar a cabo o poner en marcha determinadas reformas. Se trata ni más ni menos de que los políticos elegidos por el pueblo tienen que ser, o deben de serlo, auténticas locomotoras de los cambios y reformas que es necesario acometer en España y que aún están pendientes.

Sobre el particular tema de los liderazgos, este analista quiere aportar algunos ejemplos de personajes históricos que llegaron a ejercerlo gracias a su fuerza de voluntad, al tesón mantenido y a los afanes de superación, como Winston Churchill, que siendo un personaje raro y anodino en sus orígenes, se convirtió en 1940 en el líder perfecto capaz de enfrentarse a Adolf Hitler y a Benito Mussolini. Pueden aducirse otros ejemplos de prohombres de la política europea, como Helmut Kohl, que aunque de sus inicios se recuerda más su torpeza indumentaria y mala retórica que la de un efectivo estadista, y esto, en contraste con el refinado socialdemócrata Helmut Schmidt, que, a pesar de haber empezado como un democristiano pueblerino proveniente del Palatinado, sin idiomas ni grandes dotes, fue capaz de entusiasmar a sus electores cuando éstos desfallecían, objetivo que logró con la creación del euro y con el remate de unificación alemana, justo cuando François Mitterrand y otros capitostes europeos se mostraban un tanto recelosos.

Y a propósito de lo apuntado, el lector puede observar cómo en España Adolfo Suárez, pese a su origen provinciano y falangista, fue capaz de conducir con habilidad política a este país de una dictadura a una democracia, previa legalización del partido comunista; consiguió así la gran aventura del encuentro de todos los españoles en la concordia y la reconciliación nacional claramente plasmada en la Constitución de 1978. Logró llevar a cabo una modélica transición política. Pero sobre los liderazgos socio/sindicales y políticos en España, el comentarista quiere hacer notar y poner de manifiesto los requisitos básicos para que, con toda propiedad, se pueda singularizar y definir a un personaje como auténtico líder: indiscutida y significada autoridad moral; fuertes convicciones ideológicas; firmeza y coherencia a la hora de defender sus ideas o ideales y también firmeza en la defensa del modelo de convivencia aprobado por todos los españoles en 1978. Y asimismo, lealtad y fidelidad a los principios inspirados en la ideología profesada; criterios propios; recia personalidad en la doble dimensión de los componentes esenciales de la misma: fuerte carácter y temperamento enérgico, así como acérrimo defensor de la libertad, el diálogo, la tolerancia y la transparencia como pilares fundamentales de la democracia, sin olvidar la inusitada capacidad de comunicación y también una probada y reconocida superioridad moral sobre sus seguidores. Pero el ser líder, en modo alguno, es siempre sinónimo de estadista.

El verdadero líder puede serlo, al margen de las consideraciones que se puedan hacer con respecto a sus conductas públicas y privadas y de la crítica que se quiera realizar sobre su ideología. Líder político y sindical, en todo caso, es aquel personaje que no precisa del aparato orgánico ni de la logística organizativa de la respectiva formación política y/o sindical para imponerse en una contienda electoral. Estos excepcionales individuos, han nacido ya con unas cualidades innatas para serlo, pero que luego desarrollaron, en mayor o menor medida, en función de cuál haya sido la forja de sus propias vidas en los ámbitos personales, intelectuales, sociales y políticos. Ahora bien, aprovechando el tema de los liderazgos se puede afirmar, según la opinión de este analista político, que entre los líderes mencionados anteriormente y los nombrados en el párrafo que sigue, fueron verdaderamente estadistas, además de líderes, Winston Churchill, Adolf Hitler, Benito Mussolini,  Adolfo Suárez, Felipe González y Fraga Iribarne.

De conformidad con las cualidades reseñadas como exigencias para poder ostentar la condición de líder, y según las estimaciones de este analista, se podría inferir que en la España democrática han sido contados los verdaderos líderes políticos y sindicales, reconocidos como tales por el pueblo. Pero, si además de lo apuntado más arriba, tenemos en cuenta que el personaje en cuestión ha de gozar de una carismática facilidad para seducir, encantar, atraer, aglutinar y dirigir a sus partidarios, sin necesidad de los ostentosos montajes ni de las potentes estructuras y maquinarias propagandísticas de los partidos políticos y/o sindicales, nos encontramos con que, en consonancia con los atributos señalados anteriormente como rasgos esenciales de la identificación de los mismos, en España fueron líderes por derecho propio, y no sólo simples dirigentes, en sus respectivos momentos y circunstancias concretas: Adolfo Suárez, Felipe González, Santiago Carrillo, Fraga Iribarne, José Mª Aznar, Esperanza Aguirre, y los míticos e históricos sindicalistas Nicolás Redondo y Marcelino Camacho. Y debe destacarse, además, que el Papa Francisco se ha convertido en el paradigma de líder a nivel mundial por mor de la autoridad proveniente de la coherencia de sus ideas. 
 
Los restantes personajes de la vida pública, que estuvieron en el pasado y están actualmente en activo y/o al frente de organizaciones políticas o de formaciones sindicales, fueron y son, simple y llanamente, dirigentes o responsables de las mismas, aunque ostenten la condición democrática de electos. No obstante, para el autor de este análisis, Alberto Núñez Feijóo, Presidente de la Xunta de Galicia, no dista mucho de alcanzar los indicados parámetros que permitirían conceptuarle también como un líder político, de perfil similar a los mencionados en el apartado anterior.

En consonancia con la otra parte del titular de presente artículo GLOBALIZACIÓN DE LA ESTUPIDEZ HUMANA, a este comentarista le place sugerir al lector que haga el ejercicio de rememorar algunos casos, a modo simples ejemplos, dentro de la amplia nómina de estúpidos, necios, estultos e insensatos que, por lo demás, son los que cometen las innumerables estupideces, necedades, estulticias e insensateces que se prodigan en el actual espacio o ámbito de la política española. Gran torpeza político/electoral y estupidez humana es pensar y defender que los ciudadanos, de igual modo que son soberanos democráticaticamente hablando y según la Constitución española, no puede aseverarsse que sean incuestionablemente sabios, porque el pueblo sí se puede equivocar y, de hecho, en ocasiones se equivoca. Pero para que tal aserto fuese cierto e indiscutible, se tendría que hablar de un voto ponderado y de que los votantes estuviesen bien instruidos e informados, así como respetados y no violentados en su libre decisión de emitir el voto.

En este apartado de las disparatadas ocurrencias de algunos conocidos gobernantes, aprendices de políticos, merecen una especial mención y referencia los festejos laicos y republicanos de la Navidad celebrados por el Ayuntamiento de Valencia, entre otros, pretendiendo camuflar y enmascarar intencionadamente las tradicionales y milenarias fiestas cristiano/católicas con la denominación de festejos del solsticio de invierno. Cuestión ésta que constituye no sólo una aberración o perversión conceptual del propio significado de la fiesta navideña de trasfondo cristiano, sino también una demostración patética, esperpéntica y grotesca bufonada de estas iniciativas municipales. Las Cabalgatas en Madrid, Valencia, Santiago, y otras localidades, fueron sencillamente ridículas, bochornosas y carnavalescas. Pero fue el alcalde de Valencia el que consiguió rizar el rizo de la tontería y la estupidez con la recuperación de la cabalgata promovida por la Segunda República, añadiendo al irrreverente espectáculo el patetismo de las Tres Magas. Pero el colmo de los comportamientos y actitudes anticristianas y laicistas en España, no fueron sólo las abstrusas cabalgatas de Reyes sino que estas actitudes y conductas hostiles tienen también una de sus mayores expresiones en las profanaciones de templos católicos y de símbolos cristianos. Cuestión ésta que se está poniendo de manifiesto en la promoción de actos contrarios al sentido de las costumbres y tradiciones culturales y religiosas, así como a los sentimientos de la mayoría de los españoles, siendo triste y lamentable ejemplo de ello las conocidas profanaciones de iglesias, la absurdez de los bautizos y primeras comuniones laicas, y otros.

El articulista destaca el hecho de que las redes sociales no dejaron ni dejan de mofarse de las absurdas cabalgatas de Reyes, organizadas por la alcaldesa madrileña, Manuela Carmena, de modo parecido a como hicieron el resto de alcaldes o alcaldesas de la marca Podemos. En síntesis, que se ha desatado la mofa en twitter sobre estas cabalgatas laicistas. Por lo que tal vez sus mentores y organizadores deban ser recordados como los tontos contemporáneos, que, por cierto, van en aumento en los diferentes ámbitos de la vida política española. Por lo demás, téngase en cuenta que el hecho de que una cosa sea buena, mala o regular no quiere decir que no pueda ocurrir de nuevo. Por eso, conviene tomar buena nota, para desechar en el futuro los sectarismos y para conformar en España gobiernos respetuosos y serios, a fin de erradicar la semilla del odio, la repulsa y el rencor hacia quienes piensan de manera diferente.

Al autor, le place terminar con la alusión siguiente: el canónigo agustino del siglo XV, Tomás de Kempis, autor de la Imitación de Cristo, una de las obras de devoción cristiana más conocida desde entonces, podía haber hecho referencia a la expresión bíblica stultorum infinitus est numerus, innumerable es el número de necios, como una cita de autoridad para corroborar sus lapidarias afirmaciones. No consta que lo hiciera. La frase, sin embargo, tiene su interés, pues la menciona e invoca el bachiller Sansón Carrasco en el Quijote, refiriéndose a los lectores de la Primera Parte de dicha obra. Don Quijote le pregunta al bachiller si la primera parte de dicho libro tuvo éxito y sus aventuras gustaron, siendo esta su pregunta y respuesta: El que de mi trata, dijo don Quijote, a pocos habrá contentado. Antes es al revés, que, como de stultorum infinitus est numerus, infinitos son también los que han gustado de la tal historia.

Pero finalmente, se recuerda al lector que existen en el campo político y sindical, unos efímeros y perniciosos personajillos, cuyos modos de actuación estuvieron y aún siguen estando presentes en la vida pública, política o/y sindical durante un período largo de tiempo, que deben de ser proscritos y eliminados sin contemplaciones de ningún tipo. Es necesario que la ciudadanía reconozca y sitúe o tenga bien localizados a estos especímenes, por lo que el comentarista los describe y agrupa de una manera un tanto jocosa y casi sainetesca, como sigue: El titeriterismo y los titeriteros, que pululan por la vida social y pública; el trilerismo y los trileros, maestros del timo, el engaño y la estafa, como medio para alcanzar lucrativos objetivos; el histrionismo y la indescriptible legión de individuos que se comportan de modo histriónico en la esfera política y sindical para significarse. Todos ellos, deben de recibir la contundente respuesta de una inmediata erradicación de la faz de la vida pública. Se puede hablar con razón y conocimiento de causa de que la ESTUPIDEZ HUMANA ESTÁ GLOBALIZADA.

Por Antonio José Parafita Fraga, escritor y comentarista de temas sociales y políticos.

Del Blog VERBO SUELTO del autor, cuyo enlace o link es verbosuelto.blogspot.com

lunes, 11 de enero de 2016


GLOBALIZACIÓN DE LA ESTUPIDEZ HUMANA. CRISIS DE LIDERAZGOS POLÍTICOS Y SOCIALES.

LIDERAZGOS INEXISTENTES Y
ESTUPIDEZ GLOBALIZADA.  
   
Por Antonio José Parafita Fraga, escritor y comentarista de temas sociales y políticos.

Del Blog VERBO SUELTO, Antonio José Parafita Fraga,  cuyo enlace o link es verbosuelto.blogspot.com                                 



El panorama político español se enrarece y complica cada día más por la manifiesta incompetencia e inacción de los actuales dirigentes, actores sociales y políticos, para lograr consensos y llegar a unos acuerdos de gobernabilidad estable que redunden en beneficio del interés general de todos los ciudadanos y por anteponer con evidente torpeza y miopía política sus irrefrenables ansias de ostentar el poder político y ejercer el control omnímodo sobre sus formaciones que dirigen a una visión de estado o país. Con muy poca propiedad se vienen denominando líderes a quienes no son más que simples dirigentes de partidos. Y, hoy por hoy, muchos de estos emergidos, que presumen de ser los únicos que enarbolan la bandera de la transparencia, sólo sobresalen por sus actitudes y comportamientos arrogantes, a veces prepotentes y soberbios, así como por un marcado sectarismo totalitario. Se presentan ante la opinión pública como expresión y símbolos políticos de un regeneracionismo anticasta o/y antisistema, pero que nada más atisbar o tocar el poder ya han adoptado las mismas conductas de esa casta política que con tanto ahínco denostaban y con acritud criticaban. El autoritarismo es una constante nota característica de su carta de presentación, en cambio, no lo son el diálogo tolerante ni la afabilidad.

La ineptitud de estos pseudopatriotas y pseudodemócratas radicales y extremistas- de escasas y dudosas convicciones patrióticas y democráticas- pone de relieve no sólo la existencia de una crisis de liderazgos sociales y políticos sino también la carencia de hombres con sentido de estado y patriótico. Y ello, como es razonable pensar, obstaculiza el logro de unos acuerdos consistentes y firmes que propicien y garanticen la unidad de España, la soberanía de todos los españoles y la estabilidad política, en orden a impulsar las reformas transformadoras que todavía están pendientes y que son imprescindibles para facilitar y conseguir la definitiva reactivación de la incipiente recuperación económica y para alcanzar una mayor y mejor empleabilidad. Resulta, pues, obvio que la aludida carencia de talentos políticos con verdadero talante democrático entre los candidatos a gobernar y dirigir la nación española en esta compleja, azarosa y delicada coyuntura situacional política, económica, cultural y social, está retrasando o, al menos, limitando que éstos, ya de por sí mediocres y de indisimulada bisoñez político/administrativa, retomen de modo atinado y sensato la acertada senda de la mejora y el progreso del deteriorado y mermado bienestar social. Y, asimismo, esa falta de madurez intelectual y política impide o dificulta restablecer, fortaleciéndolo, el debilitado Estado Social y Democrático de Derecho. De suerte que, hacer lo contrario, oponiéndose a estas prioridades socio/políticas, constituye una actitud de auténtica irresponsabilidad por parte de quien fue elegido para servir a los ciudadanos y no para atender prioritariamente los asuntos personales o de partido. En consecuencia, anteponer lo personal y partidista al bien común del pueblo, sería la antítesis del noble ejercicio de la política.  

En los últimos tiempos, la ciudadanía está teniendo la impresión de que la española se está convirtiendo en una democracia populista y de que España está en manos de algunos miopes barones de PSOE y de otros tantos zarrapastrosos personajillos de la CUP. Y, sobre este particular, son muchos los españoles que muestran su temor a que en este país se pueda conformar un gobierno marxista populista de corte leninista. Hasta tal punto este temor es un hecho y una realidad palpable, que este tipo de populismo español ya preocupa, y mucho, en Europa. Pero lo realmente preocupante es que también en los mercados se acusa dicho temor e inquietud a la hora de plantear sus inversiones. Hay que destacar que en esta parte del mundo occidental, los populistas están actualizando el conocido y denominado en el pasado arbitrismo o corriente de pensamiento político y económico desarrollado en la segunda mitad del siglo XVI y primera mitad del XVII, pensamiento intelectualmente vinculado a la Escuela de Salamanca. Por otra parte, este populismo radical, fanático e intolerante está impregnando las mentes de muchos ciudadanos, incautos y de escasa formación intelectual y cultural, por la vía de las utopías y por la de la presentación engañosa de un mundo lleno de mentiras, vulgaridades y fantasías. El caso es que, sin lugar a dudas, la sociedad tendrá que contemplar en el futuro este fenómeno con inusitada pasividad, por aquello de que no se echa de menos la enfermedad cuando uno ya se ha curado.

Conviene no olvidar que hay una serie de factores y circunstancias que condicionan y limitan un mayor avance en la recuperación económica, ralentizan la creación de puestos de trabajo e impiden una mayor aceleración en la consolidación del quebrado Estado de Derecho, a la vez que pueden contribuir a empobrecer más todavía el bienestar social. En tal sentido, hay que tener en cuenta que el nacionalismo, sobre todo el separatista, las ambigüedades, indefiniciones y vacilaciones políticas, así como la desconfianza de las instituciones internacionales lastran sobremanera, como ya ha ocurrido en recientes tiempos pasados, la positividad de algunos indicadores de recuperación, como ha sido el caso de la bolsa española a lo largo de casi todo año 2015. Huelga decir, pues, que la falta de un gobierno estable puede generar incertidumbres, retracciones inversoras y frenar la deseada recuperación. Tanto es así que muchos economistas, empresarios y ETTs vaticinan más empleo pero también mayor temporalidad- medio millón de puestos de trabajo son los previstos, pero, eso sí, de mayor precariedad-. El creciente envejecimiento de la población española y el alto grado de desempleo siguen haciendo mella en los números de la seguridad social. Actualmente, hay 2,16 cotizantes por cada pensionista, el nivel más bajo en quince años. Los expertos creen y estiman que sólo Madrid, Baleares, Canarias y Murcia serán las únicas comunidades capaces de sostener con sus ingresos las nóminas de los jubilados.

A día de hoy, en España hay un elevado número de dirigentes políticos iletrados, sectarios e ideológicamente condicionados por el principio de la obediencia debida a sus jefes y mentores. Pero, en cambio, como queda dicho anteriormente, no existen auténticos líderes carismáticos, sagaces y de probada capacidad para buscar y aportar soluciones orientadas a sacar a este país de la laberíntica y confusa encrucijada social y política en la que se encuentra inmerso. Es ésta una de las razones que llevan a echar en falta a hombres y mujeres con capacidad para interpretar la nueva situación creada tras la tremenda crisis padecida y todavía no superada del todo; personas que sean capaces de remar contra corriente e incluso que tengan el coraje de impacientar a sus electores, si fuese preciso, para llevar a cabo o poner en marcha determinadas reformas. Se trata ni más ni menos de que los políticos elegidos por el pueblo tienen que ser, o deben de serlo, auténticas locomotoras de los cambios y reformas que es necesario acometer en España y que aún están pendientes.

Sobre el particular tema de los liderazgos, este analista quiere aportar algunos ejemplos de personajes históricos que llegaron a ejercerlo gracias a su fuerza de voluntad, al tesón mantenido y a los afanes de superación, como Winston Churchill, que siendo un personaje raro y anodino en sus orígenes, se convirtió en 1940 en el líder perfecto capaz de enfrentarse a Adolf Hitler y a Benito Mussolini. Pueden aducirse otros ejemplos de prohombres de la política europea, como Helmut Kohl, que aunque de sus inicios se recuerda más su torpeza indumentaria y mala retórica que la de un efectivo estadista, y esto, en contraste con el refinado socialdemócrata Helmut Schmidt, que, a pesar de haber empezado como un democristiano pueblerino proveniente del Palatinado, sin idiomas ni grandes dotes, fue capaz de entusiasmar a sus electores cuando éstos desfallecían, objetivo que logró con la creación del euro y con el remate de unificación alemana, justo cuando François Mitterrand y otros capitostes europeos se mostraban un tanto recelosos.

Y a propósito de lo apuntado, el lector puede observar cómo en España Adolfo Suárez, pese a su origen provinciano y falangista, fue capaz de conducir con habilidad política a este país de una dictadura a una democracia, previa legalización del partido comunista; consiguió así la gran aventura del encuentro de todos los españoles en la concordia y la reconciliación nacional claramente plasmada en la Constitución de 1978. Logró llevar a cabo una modélica transición política. Pero sobre los liderazgos socio/sindicales y políticos en España, el comentarista quiere hacer notar y poner de manifiesto los requisitos básicos para que, con toda propiedad, se pueda singularizar y definir a un personaje como auténtico líder: indiscutida y significada autoridad moral; fuertes convicciones ideológicas; firmeza y coherencia a la hora de defender sus ideas o ideales y también firmeza en la defensa del modelo de convivencia aprobado por todos los españoles en 1978. Y asimismo, lealtad y fidelidad a los principios inspirados en la ideología profesada; criterios propios; recia personalidad en la doble dimensión de los componentes esenciales de la misma: fuerte carácter y temperamento enérgico, así como acérrimo defensor de la libertad, el diálogo, la tolerancia y la transparencia como pilares fundamentales de la democracia, sin olvidar la inusitada capacidad de comunicación y también una probada y reconocida superioridad moral sobre sus seguidores. Pero el ser líder, en modo alguno, es siempre sinónimo de estadista.

El verdadero líder puede serlo, al margen de las consideraciones que se puedan hacer con respecto a sus conductas públicas y privadas y de la crítica que se quiera realizar sobre su ideología. Líder político y sindical, en todo caso, es aquel personaje que no precisa del aparato orgánico ni de la logística organizativa de la respectiva formación política y/o sindical para imponerse en una contienda electoral. Estos excepcionales individuos, han nacido ya con unas cualidades innatas para serlo, pero que luego desarrollaron, en mayor o menor medida, en función de cuál haya sido la forja de sus propias vidas en los ámbitos personales, intelectuales, sociales y políticos. Ahora bien, aprovechando el tema de los liderazgos se puede afirmar, según la opinión de este analista político, que entre los líderes mencionados anteriormente y los nombrados en el párrafo que sigue, fueron verdaderamente estadistas, además de líderes, Winston Churchill, Adolf Hitler, Benito Mussolini, Adolfo Suárez, Felipe González y Fraga Iribarne.

De conformidad con las cualidades reseñadas como exigencias para poder ostentar la condición de líder, y según las estimaciones de este analista, se podría inferir que en la España democrática han sido contados los verdaderos líderes políticos y sindicales, reconocidos como tales por el pueblo. Pero, si además de lo apuntado más arriba, tenemos en cuenta que el personaje en cuestión ha de gozar de una carismática facilidad para seducir, encantar, atraer, aglutinar y dirigir a sus partidarios, sin necesidad de los ostentosos montajes ni de las potentes estructuras y maquinarias propagandísticas de los partidos políticos y/o sindicales, nos encontramos con que, en consonancia con los atributos señalados anteriormente como rasgos esenciales de la identificación de los mismos, en España fueron líderes por derecho propio, y no sólo simples dirigentes, en sus respectivos momentos y circunstancias concretas: Adolfo Suárez, Felipe González, Santiago Carrillo, Fraga Iribarne, José Mª Aznar, Esperanza Aguirre, y los míticos e históricos sindicalistas Nicolás Redondo y Marcelino Camacho. Y debe destacarse, además, que el Papa Francisco se ha convertido en el paradigma de líder a nivel mundial por mor de la autoridad proveniente de la coherencia de sus ideas. 

Los restantes personajes de la vida pública, que estuvieron en el pasado y están actualmente en activo y/o al frente de organizaciones políticas o de formaciones sindicales, fueron y son, simple y llanamente, dirigentes o responsables de las mismas, aunque ostenten la condición democrática de electos. No obstante, para el autor de este análisis, Alberto Núñez Feijóo, Presidente de la Xunta de Galicia, no dista mucho de alcanzar los indicados parámetros que permitirían conceptuarle también como un líder político, de perfil similar a los mencionados en el apartado anterior.

En consonancia con la otra parte del titular de presente artículo GLOBALIZACIÓN DE LA ESTUPIDEZ HUMANA, a este comentarista le place sugerir al lector que haga el ejercicio de rememorar algunos casos, a modo simples ejemplos, dentro de la amplia nómina de estúpidos, necios, estultos e insensatos que, por lo demás, son los que cometen las innumerables estupideces, necedades, estulticias e insensateces que se prodigan en el actual espacio o ámbito de la política española. Gran torpeza político/electoral y estupidez humana es pensar y defender que los ciudadanos, de igual modo que son soberanos democráticaticamente hablando y según la Constitución española, no puede aseverarsse que sean incuestionablemente sabios, porque el pueblo sí se puede equivocar y, de hecho, en ocasiones se equivoca. Pero para que tal aserto fuese cierto e indiscutible, se tendría que hablar de un voto ponderado y de que los votantes estuviesen bien instruidos e informados, así como respetados y no violentados en su libre decisión de emitir el voto.

En este apartado de las disparatadas ocurrencias de algunos conocidos gobernantes, aprendices de políticos, merecen una especial mención y referencia los festejos laicos y republicanos de la Navidad celebrados por el Ayuntamiento de Valencia, entre otros, pretendiendo camuflar y enmascarar intencionadamente las tradicionales y milenarias fiestas cristiano/católicas con la denominación de festejos del solsticio de invierno. Cuestión ésta que constituye no sólo una aberración o perversión conceptual del propio significado de la fiesta navideña de trasfondo cristiano, sino también una demostración patética, esperpéntica y grotesca bufonada de estas iniciativas municipales. Las Cabalgatas en Madrid, Valencia, Santiago, y otras localidades, fueron sencillamente ridículas, bochornosas y carnavalescas. Pero fue el alcalde de Valencia el que consiguió rizar el rizo de la tontería y la estupidez con la recuperación de la cabalgata promovida por la Segunda República, añadiendo al irrreverente espectáculo el patetismo de las Tres Magas. Pero el colmo de los comportamientos y actitudes anticristianas y laicistas en España, no fueron sólo las abstrusas cabalgatas de Reyes sino que estas actitudes y conductas hostiles tienen también una de sus mayores expresiones en las profanaciones de templos católicos y de símbolos cristianos. Cuestión ésta que se está poniendo de manifiesto en la promoción de actos contrarios al sentido de las costumbres y tradiciones culturales y religiosas, así como a los sentimientos de la mayoría de los españoles, siendo triste y lamentable ejemplo de ello las conocidas profanaciones de iglesias, la absurdez de los bautizos y primeras comuniones laicas, y otros.

El articulista destaca el hecho de que las redes sociales no dejaron ni dejan de mofarse de las absurdas cabalgatas de Reyes, organizadas por la alcaldesa madrileña, Manuela Carmena, de modo parecido a como hicieron el resto de alcaldes o alcaldesas de la marca Podemos. En síntesis, que se ha desatado la mofa en twitter sobre estas cabalgatas laicistas. Por lo que tal vez sus mentores y organizadores deban ser recordados como los tontos contemporáneos, que, por cierto, van en aumento en los diferentes ámbitos de la vida política española. Por lo demás, téngase en cuenta que el hecho de que una cosa sea buena, mala o regular no quiere decir que no pueda ocurrir de nuevo. Por eso, conviene tomar buena nota, para desechar en el futuro los sectarismos y para conformar en España gobiernos respetuosos y serios, a fin de erradicar la semilla del odio, la repulsa y el rencor hacia quienes piensan de manera diferente.

Al autor, le place terminar con la alusión siguiente: el canónigo agustino del siglo XV, Tomás de Kempis, autor de la Imitación de Cristo, una de las obras de devoción cristiana más conocida desde entonces, podía haber hecho referencia a la expresión bíblica stultorum infinitus est numerus, innumerable es el número de necios, como una cita de autoridad para corroborar sus lapidarias afirmaciones. No consta que lo hiciera. La frase, sin embargo, tiene su interés, pues la menciona e invoca el bachiller Sansón Carrasco en el Quijote, refiriéndose a los lectores de la Primera Parte de dicha obra. Don Quijote le pregunta al bachiller si la primera parte de dicho libro tuvo éxito y sus aventuras gustaron, siendo esta su pregunta y respuesta: El que de mi trata, dijo don Quijote, a pocos habrá contentado. Antes es al revés, que, como de stultorum infinitus est numerus, infinitos son también los que han gustado de la tal historia.

Pero finalmente, se recuerda al lector que existen en el campo político y sindical, unos efímeros y perniciosos personajillos, cuyos modos de actuación estuvieron y aún siguen estando presentes en la vida pública, política o/y sindical durante un período largo de tiempo, que deben de ser proscritos y eliminados sin contemplaciones de ningún tipo. Es necesario que la ciudadanía reconozca y sitúe o tenga bien localizados a estos especímenes, por lo que el comentarista los describe y agrupa de una manera un tanto jocosa y casi sainetesca, como sigue: El titeriterismo y los titeriteros, que pululan por la vida social y pública; el trilerismo y los trileros, maestros del timo, el engaño y la estafa, como medio para alcanzar lucrativos objetivos; el histrionismo y la indescriptible legión de individuos que se comportan de modo histriónico en la esfera política y sindical para significarse. Todos ellos, deben de recibir la contundente respuesta de una inmediata erradicación de la faz de la vida pública. Se puede hablar con razón y conocimiento de causa de que la ESTUPIDEZ HUMANA ESTÁ GLOBALIZADA.


Por Antonio José Parafita Fraga, escritor y comentarista de temas sociales y políticos.

Del Blog VERBO SUELTO de Antonio José Parafita Fraga, cuyo enlace o link es verbosuelto.blogspot.com